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Difíciles momentos nos ha tocado enfrentar en los últimos días a
todos los socios de nuestra querida Colectividad Aragonesa.
- No hace mucho, les notificamos la
partida de uno de nuestros miembros más queridos, José Briceño Araya,
y hoy, nos corresponde despedir a quien fuera una de las fundadoras
de esta gran familia que formamos los aragoneses y su descendencia
residente en Chile: Ana María Aragón Mendoza.
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Ella, junto a Ramón Gimeno Iglesias –actual
presidente honorario de la Colectividad- fue quien comenzó a forjar
los destinos de nuestra agrupación. Sus objetivos eran muy claros,
en primer lugar, hacer hispanidad; en segundo, hacer aragonesismo; y
en tercero, reunir a todos los baturros y baturras residentes en
Chile, en un mismo sitio.
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Podemos decir que lo logró. Se formó esta gran
familia y ella fue su madre. Una madre siempre dispuesta a ayudar, a
aconsejar y a trabajar por la gente de su tierra.
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Caracterizada por su fuerza, dinamismo, entrega,
dedicación, dulzura y amor incomparable, Ana María era España en
persona y por sobre todo, era Aragón, alegre, franca, cabeza dura y
especial, muy noble.
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Entonces, con esa nobleza que nos caracteriza a los
aragoneses, puso cimientos tan fuertes en nuestra Colectividad, que
sabemos su partida no la hará temblar.
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En su lugar, el próximo 24 de abril -cuando
celebremos el Día de Aragón y la Fiesta de San Jorge- sus nietos,
Mane y Gonzalo, recibirán su primer cachirulo, que los identificará
como miembros de la Colectividad. Y así, en ellos seguirá vivo el
recuerdo de Ana María y la sangre de esta mujer, les hará sentir
Aragón, con la misma fuerza que lo sentía ella.
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Sus hijos Gonzalo y Miguel Ángel, su nuera Ingrid y
sus nietos Mariola, Mane y Gonzalo, serán integrados a nuestra
familia con todo el cariño que se merecen, nunca los dejaremos solos
y sabemos que Ana María, tampoco lo hará, ni con ellos ni con
nosotros.
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Al finalizar, vayan para ella algunas palabras del
presidente de nuestra Colectividad Aragonesa, Eugenio Peña Galán:
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- “Maña,
descansa, el cierzo ha dejado de soplar.
- Sé feliz
en ese Aragón del cielo que Dios guardaba para ti”
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