Colectividad
Aragonesa
De Chile

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Aragoneses visitan Ocoa
Máxima expresión de chilenidad
 
 
  Macarena Tarrasón
Departamento Comunicacional
Colectividad Aragonesa de Chile.
07/03/2005

Trilla a yegua suelta, criaderos de avestruces y naturaleza por doquier, fueron algunas cosas que los aragoneses pudimos apreciar en la visita a  Ocoa, un villorrio perteneciente a la comuna de Hijuelas. Allí, las tradiciones chilenas se imponen y para nosotros –santiaguinos comunes-, constituye un verdadero recreo para la vista, la respiración y la rutina urbana.

 

El sábado 26 de febrero fue un día especial. No todos los días se puede disfrutar de un ambiente donde la naturaleza se impone sobre los edificios; el aire puro, sobre el smog; las tradiciones, sobre la rutina urbana y la grata compañía, sobre el individualismo de la ciudad.

Un día que empezó a eso de las 10 de la mañana, cuando un grupo de aragoneses nos reunimos frente a la casa del presidente de la colectividad para abordar un bus que nos llevaría en dirección norte, a unos 108 kilómetros de Santiago, a una comuna para muchos desconocida: Hijuelas y específicamente a Ocoa, un villorrio de esa comuna donde tendríamos la oportunidad de observar una antigua tradición campesina, convertida en una gran celebración: la trilla a yegua suelta.

Allí también podríamos disfrutar de una feria costumbrista, organizada por la Agrupación de Emprendedores de Valle de Ocoa y Municipalidad de Hijuelas. Y de un almuerzo, en una reserva ecológica privada llamada con justa razón “El Oasis de la Campana”.

Para finalizar el día, conoceríamos unos criaderos de avestruces, pertenecientes a Luz María Peña Galán (Hermana de Eugenio), su esposo Diego Arancibia y su pequeño hijo de 4 años Vicente Ignacio, quien rápidamente se convertiría en el perfecto guía de turistas que necesitábamos.

¿Entonces? Prepararse para disfrutar del viaje. Poco más de una hora de camino, en la grata compañía de esta gran familia aragonesa.

 

Primera parada: Feria Costumbrista de Hijuelas

El primer alto en este largo paseo, lo hicimos para presenciar la inauguración de las actividades tradicionales, organizadas para los días 26 y 27 de febrero, en el Jardín Palmas de Ocoa. Aquí los Emprendedores de este Valle, con apoyo del municipio, habían organizado una gran feria productiva donde exhibían diferentes actividades, que iban desde artesanías en piedra y huevos de avestruz, hasta un stand sobre prevención del VIH, pasando por todo tipo de comidas típicas. Luego de las palabras de los organizadores -en las cuales también se agradeció la presencia de la Colectividad Aragonesa-, se procedió al corte de cinta y se invitó a recorrer la feria.

A esa hora del día, era difícil esperar hasta la hora de almuerzo sin probar alguna de las delicias que se ofrecían. Pan amasado, queques de ciruela, merengues, empanadas de alcayota, chocolates, aceitunas y chicha, fueron algunos de los elegidos en este pequeño alto. Aunque por supuesto, las flores y las artesanías fueron también un gran atractivo.

Cerca de ahí, en el mismo recinto, era posible observar algunos animales, como vacas, avestruces y conejos, entre otros.

 

La antigua tradición campesina: Trilla a yegua suelta

En este mismo lugar, en un redondel cercado con estacas y cordeles, se realizaba la fiesta cúlmine del trabajo agrícola. A la voz de "vamos trillando", los caballares comenzaron a correr en círculos, arreados por dos huasos, provistos de largas huascas que hacían zumbar en el aire para alentar a los animales, aunque en ocasiones también se llevaron algún golpe.

Así, sobre un cerro de paja, que los trabajadores esparcían provistos de horquetas,  y las pezuñas de los animales trituraban; era posible obtener el trigo, o en esta ocasión, los porotos.

Gran oportunidad la que tuvimos de observar esta fiesta, que generalmente se desarrolla durante los meses de enero y febrero, y que tiene como complemento las tradiciones criollas, es decir, la cueca, las tonadas y el espectáculo costumbrista, entre otras cosas.

 

 

Segunda parada: Oasis de La Campana

Llegó la hora de almorzar. Luego de un corto recorrido en bus, llegamos a la “Reserva Ecológica Oasis de La Campana” Un recinto privado que constituye un gran proyecto ecológico de 2.500 hás. de bosque nativo y que colinda con el Parque Nacional La Campana. En conjunto, aquí existen más de 10.500 hás. de vegetación y la mayor concentración de palmas chilena en el país, siendo declarados Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO.

A modo de anécdota se nos comentó que Cecilia Bolocco y Carlos Menen, poseen un “sitio eco-residencial” en este lugar, al que vienen cuando están en Chile, para disfrutar además de las canchas de golf y otras actividades.

Aquí almorzamos al aire libre, rodeados por la naturaleza y acercándose cada cual a la parrilla para elegir su trozo de carne y repetirse las veces que fuera necesario.

Luego del postre, las fotografías de rigor en la fachada del lugar.

 

Tercera y última parada: El criadero de avestruces

Guiados básicamente por Vicente Ignacio (el hijo de 4 años de Luz María y Diego), a la voz de “sígamne” empezamos un recorrido por los diferentes corrales del criadero. Avestruces de distintas edades y agrupadas en tríos de 2 hembras y un macho, nos recibieron con curiosidad y un poco de temor.

Aprendimos datos sobre su crianza, costumbres y características. Aprendimos por ejemplo, que un huevo de avestruz es equivalente a 24 huevos de gallina y que cuanto más rojas se colocan las patas del macho, más grande es su deseo de “dejar descendencia”.

De impresionante tamaño (los machos alcanzan hasta 3 metros y 180 kilos de peso, mientras que las hembras pueden llegar a medir 2,3 metros) esta ave no puede volar, porque sus alas son muy pequeñas, pero las usan para equilibrarse mientras corren y, frente al peligro, para atacar moviéndolas alternadamente, porque pese a la leyenda que señala que las avestruces esconden la cabeza en la arena frente al peligro, lo cierto es que ellas huyen o se enfrentan al enemigo utilizando sus poderosas piernas como defensa, ya que -según se nos dijo- tienen mucha fuerza y sus dedos pueden resultar un verdadero cuchillo a la hora de atacar. No así su pico. Incluso es posible colocarles la mano empuñada, para que ellas la muerdan, sin que nos provoquen ningún daño ni dolor.

Luego de este interesante recorrido, visitamos la casa de los propietarios, allí compartimos un momento y Eugenio nos comunicó buenas y malas nuevas. Había muchas actividades por realizar y nuevos miembros en la Colectividad, pero también había 2 de ellos que se encontraban en malas condiciones de salud y necesitaban nuestra oración.

Con sentimientos encontrados por el hermoso día vivido y las malas noticias recibidas, abandonamos el lugar; cruzando un puente colgante y disfrutando hasta el último minuto de la imponente naturaleza.

 

¿Cuarta parada?

¡Ups! Hay que pasar a retirar algunas compras hechas en la feria productiva, durante la mañana…

 

Y todo llega a su fin…

Ya vamos rumbo a Santiago nuevamente. ¿Cuándo podremos repetir esta experiencia? ¡Que ganas de contarle a todo el mundo la cantidad de cosas que vimos y vivimos!

Vamos como siempre, algunos disfrutando del paisaje, cansados después de la larga jornada, otros conversando sin parar (porque cuando llegan a la casa, sólo dicen “mmm… mmm”) de pronto… suena el teléfono de Eugenio. Es Miguel Sancho, lo saludamos a coro con un “Ole”, pero las noticias no son buenas: “Pepe” Briceño, uno de los miembros de la Colectividad, que se encontraba enfermo, acaba de fallecer. Las sonrisas desaparecen y nos unimos en una fuerte oración por su descanso.

Nuevamente las emociones se mezclan y asumimos una vez más, que pertenecer a la Colectividad Aragonesa, es pertenecer a una gran familia y que como tal, juntos, debemos enfrentar constantemente, muchas  penas y alegrías.